Green Detox: ocho días sin notificaciones y mil nuevas experiencias
- Valdeorras Vive

- 1 jun
- 3 min de lectura
Llegué a Carucedo una lluviosa noche de lunes. Con la maleta cargada de botas de montaña, chubasquero, mi cámara 360, un cajón flamenco y una guitarra española, me instalé en los bungalows que serían nuestro hogar durante los siguientes nueve días. Allí comenzaba una nueva aventura llamada Green Detox, un proyecto del que esperaba mucho green y mucho detox.

La mañana siguiente marcó el inicio de la experiencia. A través de diferentes dinámicas y juegos, empezamos a conocernos entre participantes procedentes de países muy distintos. Poco a poco compartimos nuestros nombres, nuestras historias, las expectativas con las que habíamos llegado y aquello que cada uno podía aportar al grupo.

El segundo día estuvo dedicado a mirar hacia nuestro interior. Trabajamos con la metodología del Ikigai, buscando el equilibrio entre aquello que se nos da bien, lo que nos apasiona, lo que puede aportar valor a la comunidad y aquello por lo que, con un poco de suerte, podríamos ganar un poco de dinerito. Más tarde nos enfrentamos a un reto de trabajo en equipo: cruzar un pantano en completo silencio. Parece sencillo, pero no lo era tanto. Por la noche, la guitarra hizo su aparición y terminamos el día cantando juntos antes de irnos a dormir.

El tercer día hicimos las mochilas para subir hacia Las Médulas desde las cabañas de Carucedo. Impresionaba ver cómo el incendio de verano había destruido muchísimo monte, incluso el mirador de Orellán, y la entrada a las cuevas. A pesar de ello, el pueblo consiguió reconstruirlo, y pudimos disfrutar todos juntos de unas vistas increíbles desde arriba, además de viajar en la historia de las minas de oro. Por la noche, pudimos disfrutar de una gran checa y ucraniana.

Después de los kilómetros acumulados, el cuarto día fue mucho más tranquilo. Necesitábamos recuperar fuerzas, así que dedicamos el tiempo a actividades creativas: improvisación teatral, elaboración de pulseras ucranianas y preparación de nuestra próxima aventura, una etapa del Camino de Santiago.

El quinto día, volvimos a llenar las mochilas, para subirnos en el bus hasta Ponferrada, y disfrutar de una etapa completa del camino De Santiago, juntos. Era mi primera vez haciendo una etapa del camino, y me encantó ver la solidaridad entre los peregrinos, la parada para comer juntos esos riquísimos macarrones con chichos, ofrecer comida a los hambrientos y seguir juntos a pesar de la lluvia. Por la noche sacamos nuestros pasos prohibidos con colgando en tus manos y la fusion ESPAÑA y VENEZUELA, el cajón y la guitarra en nuestra GRANDIOSA Spanish night.



El sexto día, comenzamos con juegos de focalización todos juntos, this is a pen… y después, descansamos y jugamos juntos al juego de prisioneros y asesinos. Había que descansar después de los 24 km de la etapa del camino. Como siempre, el día acababa con un bañito en el lago, y una espectacular noche georgiana y alemana, como no, dando en el clavo, y jugando a juegos muy divertidos, que hicieron que nos retásemos entre nosotros.

El séptimo día despertamos de nuevo con lluvia y fuimos hacia Peñalba de Santiago a disfrutar del Valle del silencio. La verdad que el paseo fue increíble entre la naturaleza verde, la cueva, la compañía, y la desconexión. Desde ahí fuimos al palacio de canedo, donde disfrutamos de una cata de vino para finalizar con el día.


Y el octavo día reflexionamos sobre lo guay que estuvo todo el proyecto! Objetivo conseguido: mucho green y mucho detox. Gracias Lucas, Jagoda y todo el equipo de Valdeorras vive, la experiencia quedará siempre dentro de mi :) y fuera compartiéndola!!!
Larga vida a los proyectos Erasmus+ y sobretodo en Valdeorras.
Efraín Fernández







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